A 50 años del MAM, ¿qué es el MAM?

Contame una Historia

¿Qué fue del MAM como organización, después de la persecución, desaparición, asesinato, tortura y cárcel de sus dirigentes y militantes de base más combativos? ¿Qué experiencias dejó?

¿Qué tiene en común el MAM que se recreó a fines de los ‘80 comienzos de los ‘90 con el MAM y las ligas de los ‘70?

El nuevo MAM nació de una suma de impulsos diversos y el resultado estuvo condicionado por las concepciones, intereses y prácticas de algunos de sus refundadores, pero también por las condiciones económicas y sociales consecuencias de la dictadura, el fracaso radical y el neoliberalismo apabullante del menemismo.

Empecemos por el marco económico. Entonces, como ahora, muchos agricultores se preguntaban por qué no podía resurgir el MAM, para volver a luchar por sus derechos, por las conquistas logradas entre 1971 y 1975.

La respuesta es que las condiciones, la estructura productiva, han cambiado tanto que hoy los pequeños agricultores, los colonos, no tienen el peso numérico ni económico como para imponer sus reclamos, sus intereses.

En 1972, por ejemplo, los pequeños y medianos productores respondían por aproximadamente el 70 o el 80 % de la producción yerbatera y, tal vez por algo menos de la tealera. Esto les permitía, en el caso de estar unidos como lo estaban en el MAM, imponer condiciones a los industriales y comercializadores de la yerba y el té. En otras palabras, si los pequeños productores se negaban a entregar el producto, no había negocio posible. Y así se lograba torcer el brazo a “los grandes”, como se llamaba entonces al oligopolio industrial-comercial.

Hoy, después del proceso de concentración económica, concretamente de la producción de yerba y té en manos de pocos grandes productores, que muchas veces son industriales y comercializadores de los productos, la proporción se ha invertido. Con una población de pequeños productores reducida enormemente en términos numéricos, por emigración, venta forzosa de las chacras o simplemente ruina económica, el sector no representa ni el 40% de la producción.

Aun en el caso de que, superados otros condicionamientos, lograran unirse en una organización semejante al MAM de los setenta, es muy dudoso que pudieran imponer condiciones en un mercado donde son minoritarios y débiles en términos financieros, tecnológicos y fundamentalmente en lo que es volumen de producto.

A esta limitación, a mi criterio insalvable si las soluciones se buscan desde una organización exclusivamente de pequeños productores, se suman otras que, en la práctica, contribuyeron a dar al nuevo MAM su perfil y sus limitaciones actuales. O sea, una organización más, en un mar de organizaciones de productores tealeros y yerbateros. Una minoría entre otras minorías.

Cuando se reconvocó a los colonos se lo hizo desde la ya conocida perspectiva del reclamo por precios justos. Que es correcta, pero que como hemos visto antes, tenía serias limitaciones en los ‘70 y ningunas posibilidades en los ‘90, o actualmente.

La convocatoria partió de algunos dirigentes que habían impulsado la ruptura del MAM, en los ‘70, contra Pedro Peczak, y se comenzó a reconstruir el MAM desde aquellas mismas posiciones: reclamar solo por los precios, nada de política, marginar a los elementos más combativos del MAM original y de las Ligas, Partido Auténtico, etc.

Pero no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que en las condiciones ya descriptas, esa reconstrucción del MAM no llevaba a ninguna parte. Con un MAM raquítico y sin convocatoria, había poco espacio para “vivir del altar”. Esa no era la idea de estos nuevos viejos dirigentes. Había que armar algo que tuviera volumen, que manejara fondos, en otras palabras, que permitiera vivir a sus dirigentes. Surge así una idea adaptada a los tiempos y las necesidades de la gente, fueran productores o consumidores: las ferias francas.

Tomado el modelo de iniciativas similares funcionando en Brasil, y con el apoyo de instituciones y órganos del gobierno provincial, la iniciativa prendió y fue creciendo para beneficio de los pequeños productores, que comenzaron a diversificar su producción con la fruto-horticultura. También benefició a los consumidores urbanos que encontraron una fuente de alimentos más baratos y de mejor calidad que los ofrecidos por las grandes cadenas comerciales.

Y, naturalmente, benefició a algunos dirigentes de un sector social al que, más allá de algunos beneficios para pocos, en realidad no habían logrado convocar y mucho menos organizar.

Años después, las ferias francas así organizadas parecían haber alcanzado su techo. Ya no aumentaban en cantidad, y sus integrantes también parecían haberse congelado en grupos cerrados organizados burocráticamente, que no permitían el ingreso de nuevos miembros.

Pero la idea de las ferias era una buena idea, y dio origen a iniciativas similares que se multiplicaron entre los años 2010 y 2015, impulsadas desde la Secretaría de Agricultura Familiar, con el apoyo del INTA, municipios, pero sobre todo, por jóvenes militantes con una perspectiva diferente del trabajo político, con una comprensión de lo que es construir desde abajo, desde las bases.

Las políticas de soberanía alimentaria impulsadas por el gobierno en esos años fueron una de las razones del crecimiento de estas ferias y de otras iniciativas relacionadas con la producción familiar de alimentos. Esas iniciativas sobrevivieron a las políticas neoliberales impuestas a partir de 2015 y pueden ser la base de una movilización del agro en el futuro.

Para resumir, y volviendo al MAM, lo que en su época fue uno de los movimientos de masas más grandes del país, ya no existe como tal. Aquella experiencia ha dejado muchas enseñanzas, pero las condiciones del sector social que le dio sustento han cambiado tanto que difícilmente vuelva a resurgir. A menos que lo haga en alianza y junto a otros sectores sociales como los trabajadores rurales, los obreros industriales, los cooperativistas honestos, organizaciones de mujeres, consumidores y un largo etc. Pero este es ya otro tema

Muchos de los problemas y necesidades de la población agraria de Misiones siguen siendo similares, aunque no idénticos, a los problemas de entonces. Y si bien las soluciones tampoco pueden ser iguales, el MAM original dejó criterios básicos que siguen siendo actuales. La organización de base, es decir, de abajo hacia arriba, democrática, que convoca a partir de las necesidades del pueblo, que desarrolla la organización y profundiza la conciencia a partir de la lucha, las derrotas y las victorias, siguen siendo las enseñanzas más valiosas que nos dejaron los militantes del MAM y de las Ligas.

Por Pablo Fernández Long, especial para MTH.