Ayrault, el visionario

Biografias

Cuando nos llegó la noticia de la explosión del avión donde viajaban Ayrault e Irrazabal, sentimos que los sueños de cambio para Misiones, para sus agricultores y trabajadores, se deshacian junto a ellos.

Lamentablemente no nos equivocamos. Ese atentado fue el comienzo de una de las épocas más oscuras de nuestra historia.

Pero hoy quiero referirme a los sueños y las obras de ese visionario que fue Ayrault. Él había mostrado su capacidad de transformar una provincia en el corto tiempo que gobernó.Un golpe civico militar, uno más, puso fin al gobierno del presidente Arturo Frondizi y con él, al de Ayrault en Misiones.

Unos quince años más tarde, y varios golpes militares y dictaduras después, conocí uno de los proyectos que había entusiasmado a Ayrault: el relevamiento aéreo de la provincia con los recursos tecnológicos más avanzados en aquellos tiempos, la fotografía estéreo, que permitía hacer un mapa fotográfico tridimensional de Misiones.

Las circunstancias en las que conocí este proyecto son personales, pero pueden servir para ilustrar un aspecto del amplio campo de intereses de Ayrault y de sus emprendimientos como gobernador.

En 1976, tras el golpe de estado del 24 de marzo, viví un tiempo en Buenos Aires. En cierto momento, clandestino con mi compañera que esperaba un bebé para noviembre, fui a ver a mí padrino, Alejandro Solari, para pedirle si podía alquilar a su nombre un departamento donde pudiéramos vivir un tiempo.

Alejandro, un ingeniero muy amigo de mi padre, conocidos desde los tiempos de estudiantes, era militante del MID, y como tal había participado en la construcción del Frejuli. Charlando ese día con él, y después de arreglar el tema del alquiler, a lo que se prestó generosamente, con el riesgo que eso significaba para él, estuvimos charlando un rato de la situación política. La charla fue derivando de un tema a otro, y terminamos hablando de Ayrault, a quien él conocía por su militancia en el MID.

Me contó entonces que cuando era gobernador, Ayrault le había hablado de un proyecto para hacer el relevamiento de la provincia de Misiones, imprescindible para emprender obras de infraestructura, inversiones industriales, desarrollo rural, etc. Mi padrino tenía en ese entonces una empresa para realizar relevamiento fotográfico aéreo.

Recordemos que a comienzos de los sesenta no existían todavía satélites capaces de fotografiar la superficie de la tierra con algún detalle. Los Sputnik soviéticos, Explorer norteamericanos y sus primeros sucesores eran pequeños artefactos que apenas servían para decir: aquí estamos nosotros, en el espacio.

La tecnología más avanzada entonces era la fotografía aérea que permitía ver la superficie de la tierra en forma tridimensional.

Eso se conseguía volando con un avión que sacaba fotografías a lo largo de un trecho de algunos kilómetros, hacía un giro cerrado de 360 grados, y volvía a fotografiar el mismo trecho pero con un leve desplazamiento lateral. Eso se repetía una y otra vez, cómo si el avión estuviera arando.

El resultado era dos juegos de fotos tomadas desde un ángulo diferente. Mirando las fotos con unos anteojos especiales, se veía la superficie en relieve. Con ese material no solo se podía calcular las alturas, para la construcción de puentes o carreteras, sino también obtener información geológica, ortográfica, etc.

Ayrault se entusiasmó y contrató a mi padrino para hacer el trabajo.

Como resultado del mismo, Misiones contaba, para 1963, con un valiosísimo archivo fotográfico de la provincia.

Lastimosamente, la barbarie golpista puso fin al proyecto, junto con tantas obras iniciadas por Ayrault. Una de esas obras, que utilizaba la información fotográfica mencionada, fue el comienzo de obras de infraestructura para la futura ruta 2 de Misiones.

Pero esta historia no termina ahí. Más de 30 años después, cuando se iniciaron las obras para la construcción de esa ruta, se encontraron tapadas por el monte y la tierra acumulada en décadas, alcantarillas, bases para puentes y otros testimonios del entusiasmo y la fuerza emprendedora de Ayrault.

He tratado de averiguar el destino de aquel relevamiento fotográfico, pero no he logrado dar con él. Además de su valor histórico, seguramente debe tener todavía valor científico. Porque más allá de las finezas de la era espacial, estoy seguro de que el ojo de un B25 volando a 500 pies de altura debió ver cosas que hoy nos serían muy útiles.

Ojalá alguien pueda encontrarlas. Como homenaje a Ayrault, el visionario, y a su amistad con mi padrino.

Por Pablo Fernández Long, especial para MTH.