El otro monumento a Andresito

Andresito

En la actualidad, uno de los atractivos de la ciudad de Posadas y de la provincia de Misiones, es la gran estatua de Andresito que se encuentra en plena costanera posadeña. Muchos de los ciudadanos de la capital se enorgullecen de esta obra de arte realizada por Gerónimo Rodríguez y otros tantos la usan como una referencia de ubicación geográfica. De alguna u otra manera, forma parte de la identidad del posadeño.

Pero no solos los posadeños desarrollaron un sentimiento de identidad local en torno a una escultura de Andresito, algo similar ocurre en la vecina Garupá.

Durante muchos años, los garupaenses se agolpaban en lo que era el acceso a la ciudad para disfrutar el festival anual en honor al personaje que, tiempo después, sería reconocido como prócer misionero. “El indio” reunía a las familias que se movilizaban con silletas y sus equipos de mate a pasar una tarde noche apreciando el despliegue de artistas locales, que alegraban el escenario a los pies de la escultura de Andresito.

Durante muchos años esa fiesta fue un emblema de la localidad, tanto es así que en 2006 se declaró “festival nacional” al evento folclórico, en homenaje al general Andrés Guacurarí.

La escultura de Andresito es de bronce, de tres metros de alto, y fue realizada por Juan Carlos Ferraro, en la década de 1970. Se la colocó en el acceso a Garupá el 13 de mayo de 1973, en donde permaneció hasta el 2011, cuando fue removida y guardada en la municipalidad mientras se realizaban obras viales en la zona. Desde entonces,  el festival pasó a realizarse en la plazoleta de la avenida de Las Américas.

En el 2013, la estatua de Andresito volvió a ser colocada al costado de la rotonda que es el acceso a la ciudad y cabecera del nuevo puente que une Garupá con Candelaria.

Así esta figura permanece desde hace casi 50 años siendo parte de la identidad histórica de Garupá y resaltando el hermoso paisaje a metros del arroyo homónimo.

 

Por Prof. Priscila Robin, especial para MTH.

Fuente: Sangre federal – Norma Vicente. Pag.53

Imagen: Antonio Araki