La deuda de gratitud que Misiones tiene con Artigas

Andresito

La figura de José Gervasio Artigas es prácticamente desconocida para la gran mayoría de los misioneros. Incluso hoy, cuando se cumplen los 169 años de su muerte, fueron escasísimas las referencias a la efeméride en los medios de comunicación y en las redes sociales. Intuyo, además, que la fecha ni siquiera habrá sido mencionada en las escuelas. Un día más, un día como cualquier otro, un día en el que nosotros, los misioneros, continuamos sin saldar la deuda de gratitud que tenemos con Artigas.

En síntesis, Artigas fue el impulsor de un modelo alternativo al de Buenos Aires para encauzar el proceso revolucionario rioplatense. Frente a la propuesta centralista, autoritaria y conservadora de la capital, el Protector de los Pueblos Libres fue el artífice de un ideario cimentado en el federalismo, el carácter asambleario de la toma de decisiones y la ampliación de la base social bajo una interpretación radicalizada del concepto de igualdad.

En un contexto de revolución y luchas independentistas, Artigas será un único dirigente de la época en sostener, propiciar y defender el derecho de los misioneros a gobernarse a sí mismos. Mientras Buenos Aires, a través del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, negociaba con los luso-brasileños la destrucción de las Misiones a cambio de la derrota de Artigas, este último incentivaba a los guaraníes a organizarse, a producir, a comerciar y a defenderse del enemigo.

Lo reitero en mayúsculas para que quede claro: Artigas fue el ÚNICO líder revolucionario en sostener la soberanía misionera. Y mantuvo esta postura hasta las instancias finales de su vida pública, antes de exiliarse en el Paraguay en compañía del puñado de guaraníes que lo secundaba. El cerro de Santa Ana será el escenario en donde Artigas pasará su última noche en el territorio de los Pueblos Libres. Allí, donde hoy se erige una cruz y en donde debería alzarse un monumento, de igual o mayor tamaño, que sirva para comenzar a saldar, en parte, la deuda de gratitud que los misioneros tenemos con Artigas.

Por Pablo Camogli