La Polirritmia nativista misionera

Contame una Historia

Los nativismos se nutren de una tradición propia, de una historia que los sostiene y de una estrategia en desarrollo que los proyectan en el tiempo y hacia otras latitudes. Pero todos los nativismos, aun los más ancestrales,  fueron jóvenes en sus tiempos fundacionales. En el caso de Misiones, la estrategia que nos representa culturalmente comenzó a gestarse hace muy poco tiempo, a partir del reconocimiento del entonces Territorio Nacional como Provincia argentina, hecho ocurrido en 1953.

Entonces, y ante la necesidad de insertar a la nueva provincia en el contexto folclórico nacional, con “voz propia y distintiva”, una amplia movida cultural, liderada, entre otros, por Aníbal Cambas, investigador, músico y escritor, Lucas Braulio Areco, compositor multinstrumentista, artista plástico e investigador, con el acompañamiento de una comprometida colectividad de personalidades, entre quienes podemos mencionar a Hermelinda “Chiquita” de Odonetto (danza), Salvador Lentini Fraga, Manuel Antonio Ramírez, Juan Enrique Acuña (literatura y periodismo) y Ricardo Ojeda (música), con un visionario e inclusivo criterio de selección,  después de una ardua tarea de investigación y un amplio relevamiento territorial, eligieron un conjunto de ritmos musicales representativos para representar a nuestro nativismo. Fue así como, anteponiendo la innegable diversidad cultural presente en nuestras jóvenes comunidades, decidieron impulsar, en una inédita propuesta, varias especies rítmicas. Del Género Polkísitico, (surgido del encuentro de los nativos guaraníes con los españoles a partir del S. XV, traídos a nuestro Alto Paraná por los “mensúes” que trabajaban en la extracción de los yerbales silvestres y la madera nativa en el S. XIX) incorporaron la Galopa y la Canción Misionera y del género inmigrante (llegados desde Europa a finales del S. XIX),  incorporaron El Chotis y la Polkita rural.

Entre los años ´70 y ´80, con adherentes de una nueva generación de productores culturales (muchos de los cuales, como Vicente Cidade y Fermín Fierro, desarrollaban sus actividades en la Ciudad de Buenos Aires, epicentro de la difusión nacional de la “música de la provincianía”), La Polirritmia Nativista Misionera sumó un nuevo ritmo musical impulsado por Ramón Ayala, considerado de proyección folclórica, denominado El Gualambao.   

Finalmente, y hacia fines del siglo pasado propusimos la incorporación del ancestral Arte Sonoro Originario (sus canciones, armonías, melodías, letras e instrumentos), el más antiguo aunque todavía vigente; y actualmente observamos, con gran beneplácito, la enriquecedora incorporación de algunos recursos musicales e instrumentales rescatados del Barroco Americano que se cultivaron en las reducciones jesuíticas durante el S. XVII

“Polirritmia…

Si bien este término, desde el lenguaje musical técnico, es aplicable a las obras que presentan diferentes variaciones en sus bases rítmicas, en Misiones fue utilizado para destacar el carácter múltiple de nuestras representaciones, independientes una de otra, aunque también pueden interactuar entre sí, generando fusiones polirrítmicas.

…Nativista…

El lenguaje musical constituye un idioma artístico universal, pero cuando en su práctica cotidiana intervienen factores temporales, geográficos, demográficos lingüísticos e históricos se destacan los matices característicos de la diversidad humana de las distintas regiones del mundo, nos encontramos ante la presencia de lo que denominamos “música folclórica”. Este término, considerado desde el significado de su acepción, nos refiere al acontecimiento cultural realizado por la gente de manera natural y espontánea, en su lugar; mientras que el término “nativismo” expresa la recreación, la resignificación o la reinterpretación de estos elementos folclóricos en la producción artística

 …Misionera”

En la vida moderna las energías propias del sector cultural son consideradas parte inseparable del sistema productivo de una comunidad. La producción y difusión contemporánea del arte sostiene una estrecha vinculación con el sector educativo formal, con el turismo, la gastronomía, los medios de comunicación  y las redes sociales, cumpliendo así, de manera permanente, una irremplazable tarea relacionada con la transmisión de la identidad cultural.

Si a esta realidad le sumamos que en la competitividad de los productos del sector juegan un rol fundamental los procesos de formación y capacitación,  como así también el fomento y la difusión de los contenidos culturales, nos encontramos ante la realidad de un complejo proceso socio-cultural que depende tanto de las políticas públicas como de las normas laborales y contractuales, como también de las leyes vigentes aplicadas desde la organización territorial de los estados municipales, provinciales y  nacionales. Suena romántico decir que el arte “no tiene fronteras”, pero cuando nos involucramos profesionalmente en este campo, resulta ineludible la consideración territorial de su dinámica productiva.

Oralidad

Como experiencia personal, por militancia y por compromiso de autoformación, fui adentrándome al mundo de la Polirritmia Nativista Misionera a partir de presenciar innumerables simposios y de compartir charlas personales con sus pioneros y  varios de sus referentes; como así también a través en conferencias y debates enfocados en esta temática. Sin embargo, recién a finales de los años ’90, acercándome a los 30 años de edad, logré comprender la esencia de este legado imprescindible y fundamental, cuyos contenidos, aún en la actualidad, se transmiten, mayoritariamente a través de la tradición oral.

Así, quienes heredamos este legado, lo encarnamos y lo incluimos como sostén de nuestras obras; pues, nos ofrece las peculiaridades culturales que nos permiten expresarnos desde en un lenguaje artístico propio y distinto,  ejerciendo el derecho soberano de fortalecer nuestro modo de sentir, de ser y de vislumbrar el futuro desde una estética arraigada.

Por Karoso Zuetta, especial para MTH.