La yerba mate como Patrimonio Cultural

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El mate -en tanto infusión nacional- está presente en la mayoría de los hogares de la Argentina. Su consumo se extiende a varios países de Latinoamérica y a lugares distantes del otro lado del océano como Siria o el Líbano. Su importancia económica y social para la región es fundamental, puesto que moviliza a distintos sectores, partiendo desde los productores hasta los molineros, es decir, comienza con la plantación hasta llegar a la comercialización.

La yerba mate es una planta utilizada desde antes de la conquista por los guaraníes, pueblo que descubrió las propiedades y formas de consumo. La planta forma parte de las distintas etapas de la historia de Misiones y resulta imposible disociar el devenir de la región de la presencia de este cultivo. Tuvo etapas de auge -oro verde- y decadencia, traducidas en crisis agraria. Además, los países productores (Argentina, Brasil y Paraguay) han litigado por este recurso en determinados momentos históricos, pero también han establecido vínculos comerciales. En esta área de frontera, movilizó a los inmigrantes a fines del siglo XIX y principios del XX y actúo como el cultivo poblador durante la colonización efectuada por el Estado Nacional.

Estas “huellas” que han dejado el producto madre de la región son constantemente evocadas, tanto por las investigaciones científicas, como por las divulgaciones que se realizan en distintos medios de comunicación a nivel local y nacional. Deviene así en una posibilidad de rescate a la memoria colectiva, como así también en otra variable de proyección económica para la actual provincia de Misiones y el norte de Corrientes. 

La denominada ruta de la yerba mate fue declarada “Patrimonio cultural, histórico, turístico, paisajístico, productivo, gastronómico e industrial de Misiones".  Contempla puntos estratégicos en términos turísticos para la región. En Misiones conecta a las Cataratas del Iguazú, los Saltos del Moconá, las Reducciones Jesuíticas y el Parque Temático Santa Ana. En Corrientes une a los Esteros del Iberá con el turismo religioso y la pesca deportiva.  

En su recorrido conjuga elementos simbólicos e identitarios con el turismo. La apuesta consiste en que además de recorrer los principales destinos turísticos, se pueda generar una agenda que comprenda a distintos puntos de la región yerbatera argentina, donde la historia constituye una herramienta ineludible para este propósito.

La yerba mate es la protagonista de esta ruta turística. Sus formas de producción son un llamado a “conocer” métodos de cultivo y cosecha. Las posibilidades aumentan cuando el producto forma parte del arte culinario y se ofrecen en distintos sitios gastronómicos. Molinos, cooperativas, muesos, chacras, estancias y espacios específicos (como la Casa del Mate y el predio de la Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate en Apóstoles) forman parte de la oferta para los visitantes.

El escenario yerbatero es amplio y disímil como los sujetos sociales que le dan vida. En este sentido, el pequeño productor/a y sus formas de producción deben ocupar un lugar de preminencia en la agenda de las entidades estatales, como también en la mediática. De igual manera, debe resaltarse la posición fundamental del tarefero/a para que la infusión llegue a todos los hogares del país. Al mismo tiempo, se debe ponderar al sector rural como uno de los motores de la economía local y en especial al sector yerbatero, que no sólo se limita al aspecto económico, sino que forma parte de la historia y cultura de la sociedad.

Por Dr. Lisandro Rodríguez, especial para MTH.

Fuente de la Imagen: Archivo General de la Nación