Vender lo nuestro: El Consorcio yerbatero como experiencia colectiva

General

Lograr la articulación entre producción y comercialización es un anhelo histórico para el emblemático sector de los colonos misioneros. Las condiciones macro económicas acentúan aún más este ideal (y necesidad). El escenario yerbatero presenta antecedentes respecto de la articulación entre los eslabones mencionados y la distribución bajo un rótulo cooperativo o asociativo. Como propuesta primigenia se encuentra el accionar de la Federación de Cooperativas Agrícolas de Misiones (Fedecoop). Las constantes crisis agrarias conducen a que la entidad reúna la producción de los colonos misioneros y lo comercialice bajo una marca colectiva denominada Urú. Las diferencias internas, el interés por estrato y el contexto desestimaron -luego de un periodo el sostenimiento- esta propuesta.

Desde mediado de la década de 1980 y con el afán de recuperar cierto equilibrio y devolver tranquilidad al sufrido sector yerbatero, el Estado provincial concibió el plan denominado “Ñande Yerba”. El mismo estaba dirigido al productor de yerba mate y tenía por objetivo principal la elaboración y comercialización de una marca para el colono misionero. Es otra de las mediadas socavadas por el modelo neoliberal.

En la actualidad el escenario rural misionero presenta una nueva propuesta colectiva. El consorcio cooperativo Esperanza Yerbatera se crea en 2011, impulsado por programas estatales que validan la consolidación de la agricultura familiar y respaldan los emprendimientos colectivos. El objetivo que se plantean es fortalecer las estrategias de comercialización de yerba mate.[1]

Las entidades que dan sustento al consorcio se encuentran distribuidas en toda la provincia de Misiones. La particularidad de esta propuesta -realidad que la diferencia de los antecedentes enunciados- es que el sujeto social agrario responsable del accionar es exclusivamente el productor minifundista. Esta variable determina una lógica de acción colectiva en pos del beneficio de un estrato particular: el productor menos favorecido por el proceso de concentración, quien encontró restringido su capacidad de producción y cercenado el afán de comercializar su propia yerba mate.

La premisa que sostienen los productores que conforman este proyecto asociativo es vender su producto con sello propio, es decir que el esfuerzo de su trabajo no sea rédito de los secaderos o molinos privados. Para ello, el consorcio articula la producción de las entidades, hecho que posibilita generar un volumen mayor de yerba para volcarse al mercado.

Con casi una década de existencia el consorcio yerbatero Esperanza Yerbatera se afianza como propuesta cooperativa que busca consolidarse en el mercado, sin descuidar los demás sistemas que conforman la actividad yerbatera. Para los productores representa una herramienta de persistencia y de lucha en los márgenes de la Argentina Rural.

Por Dr. Lisandro Rodríguez, especial para MTH.

 

Fuente Imagen: Archivo General de la Nación

 

[1]Rodríguez, Fabio, Sánchez Vargas, I., Vidal, M., D'addario, J. O., Gortari, J., y Oviedo, A. (2018): “Desafíos en la comercialización de yerba mate para cooperativas de agricultores de Misiones, Argentina” (ponencia) en Actas X Congreso ALASRU, Montevideo, Uruguay.